SUEÑOS CUMPLIDOS | I Enjoy the View
16217
single,single-post,postid-16217,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode-theme-ver-7.7,wpb-js-composer js-comp-ver-4.7.4,vc_responsive
SEYCHELLES

31 Dic SUEÑOS CUMPLIDOS

Y llegan estas fechas en las que sin saber muy bien porque, quien más quien menos, nos ponemos a hacer balance de cómo ha ido el año y nos proponemos nuevos objetivos para el año que entra, yo la primera. Pero este año, un párrafo de un libro, el libro que he devorado esta semana, me ha llevado a hacer balance de mis sueños cumplidos. Y al hacerlo he descubierto que casi todos están relacionados con mi gran pasión por viajar.

El viaje soñado desde niña.

Desde pequeña había soñado con algún día viajar a Seychelles, y a medida que crecía me daba cuenta de lo caro que es y se me antojaba difícil, cada vez más, me imaginaba que si lo conseguía sería cuando me jubilara.  Y un día sin esperarlo, cuando apenas llevaba un mes en un trabajo nuevo, me dijeron que debía ayudar a organizar un viaje de incentivo a Seychelles, a la que por aquel entonces era mi jefa.

El destino me ponía la miel en los labios, cada día que pasaba sabía más cosas del destino, de lo que allí se podía hacer y visitar, veía fotos increíbles, y crecía más en mí el sueño de poder ir. Soñaba que me pedían que acompañara al grupo, algo que no es muy raro en mi trabajo, aunque sí muy difícil que te pase cuando llevas escasos 5 meses trabajando en una nueva empresa.

Y por el karma como le llamo yo, o el cosmos como le llama una gran amiga, ese día llegó. Y así es como uno de mis sueños se cumplió, lo disfruté como una niña, y celebré allí mi 32 cumpleaños, el más especial sin duda alguna! Si cierro los ojos aun recuerdo como huelen esas playas, las tormentas tropicales que te pillan por sorpresa, la luz de sus aguas con ese sol tan bonito, los miles de colores de su fondo marino, sus corales y sus peces, como si fuera ayer.

 SEYCHELLES SEYCHELLES SEYCHELLES

Siguiendo los pasos de mis abuelos

Aún recuerdo, hace 22 años,  cuando llegaron mis abuelos de su viaje a Perú y no paraban de hablar de lo maravillados que se habían quedado al conocer Machu Picchu. Hablaban de lo increíble que era la construcción de la ciudad, del acceso por un camino empinado de curvas, de cómo era posible que allí hubiera conseguido vivir alguien y del increíble paisaje que lo rodea. Y escuchándolos me prometí a mi misma que algún día iría a conocer tal maravilla.

Este año, por fin, he podido visitar el Machu Picchu y pisar, 22 años más tarde, estos lugares de los que me hablaban. Un lugar mágico, que me dejó sin palabras, con una historia de la cultura Quechua y de su arquitectura increíble, pero sobre todo, un lugar que invita a respirar hondo y recorrerlo con calma. Y al que si vais, os recomiendo que busquéis un rinconcito alejado de la muchedumbre, que aunque parezca imposible hay, para relajaros y en el que recargaros con la energía que desprende.

MACHU PICCHU MACHU PICCHU MACHU PICCHU MACHU PICCHU

Mi África soñada

Hace algo más de 2 años, verano del 2014, con mi compi viajera  Silvia, nos lanzamos a hacer el que era uno de los viajes de nuestra vida, que siempre habíamos querido hacer, Kenia y Tanzania!

No sé explicaros el porqué, pero yo siempre había querido ir a África, y cuando por fin llegó el momento estaba tan emocionada como una niña la noche antes de que lleguen los Reyes Magos.

Y el viaje tubo muchas experiencias inolvidables que ya os contaré en un post aparte, pero de esas experiencias hay algunos momentos que destacan por encima de todos.

Poder dormir en medio del Masai Mara y del Serengueti, en un tienda, escuchando todos los sonidos de la noche en la sabana africana es increíble, y más si antes puedes disfrutar de una noche alrededor del fuego compartiendo historias viajeras con los compañeros.

Y hubo dos momentos del día, en los que recuerdo, que día y tras día, cogía aire y me quedaba en absoluto silencio disfrutando de la naturaleza, durante las puestas de sol y los amaneceres. Amaneceres que iban seguidos de un desayuno fantástico en plena sabana, mientras oíamos como ésta se despertaba y con ella todos sus habitantes.

Y ya cuando creía que el viaje no podría ser mejor, llegamos a Zanzíbar y se nos brinda la oportunidad de nadar con delfines salvajes. No sabéis la sensación que tiene una cuando un grupo de delfines pasa nadando a un metro de ti, como impresiona ver como nadan hacia el fondo el mar hasta desaparecer mientras los oyes comunicarse, y como de repente aparecen no sé cuantos metros más allá otra vez. Recuerdo que los 4 que compartimos el momento salimos fascinados, no hay mejor manera que ver y conocer a los animales que en su hábitat.

 ÁFRICA ÁFRICA ÁFRICA ÁFRICA ÁFRICA

Soñando por los aires

Otros de mis sueños tienen que ver con volar, volar de diferentes maneras. Tal vez la más común de todas las maneras es en avión. Y aunque no estoy muy segura, diría que la primera vez que fui en avión fue de Barcelona a Menorca cuando tenía 11 o 12 años. Seguro que en ese momento estaba emocionadísima, pero no lo recuerdo. Después he volado muchas veces, y que momento más mágico el ver un puesta de sol desde el avión.

Pero mis sueños eran otros, helicóptero, parapente, avioneta, globo y paracaídas.

El helicóptero lo cumplí también en Seychelles, si si, fue un viaje completito :). Una de las actividades del grupo era sobrevolar la Isla de Mahé durante aproximadamente 30 minutos, y cuando todo grupo terminó, los guías acompañantes tuvimos la suerte de poder hacer la actividad también. Y yo pensando que se movería aquello una barbaridad, que estabilidad puede tener algo tan chiquitín en el aire cuando un avión ya se mueve y es mucho más grande. Así que me subí, con los mismos nervios y emoción que una niña, sufriendo por si me iba a marear. Y sin darme ni cuenta, allí estaba con los cascos y micro puestos para poder hablar y escuchar al piloto y compañeros, admirando esas aguas turquesas, con sus playas blancas y su vegetación verde, desde el aire, y solo podía decir: qué bonito! esto es impresionante! Así media hora que se me hizo la más corta de mi vida, pero una de las más intensas. Y no, no se nota nada como se mueve y tampoco marea!

SEYCHELLES

Un verano me fui de vacaciones a Eslovenia, pequeño precioso país, algún día de estos hago un post de este país y os cuento más. Allí, en Bohin, en los Alpes Julianos, nos decidimos a hacer parapente. Como dos locas, emocionadas, íbamos a hacer algo muy fuera de lo habitual y que nos hacía mucha ilusión aunque al mismo tiempo nos daba mucho respeto. Nos subimos en una furgo que nos llevó montaña arriba, y subía y subía y no acababa nunca, nos mirábamos intentando adivinar cuando llegaríamos, hasta que por fin paró. Luego una caminata de 30 minutos, creo recordar que nos libramos de llevar parte del equipo. Y de repente, se acaba el camino en una llanura que hace cuesta hacia abajo y vemos como van extendiendo los parapentes. Nosotras rifándonos a los dos monitores, cual adolescentes, porque uno estaba muy bueno e íbamos especulando sobre la experiencia. Una vez asignados los monitores, colocados los arneses, la instrucción fue clara: Corre montaña abajo hasta que te quedes corriendo en el aire, algo que mi razón no lograba entender, como me voy a quedar corriendo en el aire? Pues sí, os juró que ahí me quedé hasta que me dijo que me sentara y disfrutara del vuelo.

Increíble sentir el aire en la cara, el fresco que hacía a esas alturas aun siendo verano, lo pequeñas que parecían las montañas y el lago, no me cansaba de admirar el paisaje. Y así sin más el monitor me pregunta si quiero hacer piruetas, y en qué momento le dije que sí!!! Los últimos diez minutos girando y girando del derecho, del revés, boca arriba, boca abajo y yo feliz porque no me estaba mareando. Como engaña esto, a los dos minutos de pisar tierra otra vez, estábamos las dos mareadísimas por el cambio de altura. Así que riéndonos de nosotras mismas por creernos inmunes al mareo nos fuimos a la orilla del lago a poner los pies en el agua hasta que se nos pasó.

Y así sin más otro día de verano, nos tocaba ir de Arusha a Zanzíbar para terminar nuestra primera aventura en el África continental, y convencidas de que íbamos en avión, nos encontramos en un mini aeropuerto, en el que los vuelos estaban anunciados en una pizarra blanca escritos a mano, y la capacidad de cada avioneta era de 9 a 13 pasajeros. Y de nuevo el karma me regalo uno de mis sueños, viajar al lado del piloto. Si si, en el lugar del copiloto, con todos los mandos ahí delante mío, con el volante, o como se llame en el argot de los pilotos, moviéndose de arriba abajo, y además volando muy cerca del suelo y teniendo el privilegio de admirar el camino muy de cerca y disfrutar del despegue y aterrizaje desde la perspectiva de un piloto, vaya momentazo el que viví!!

Después de esta primera vez, he repetido la experiencia, pero ya como un pasajero más, de Costa Rica a Nicaragua tuve la posibilidad de admirar la selva desde las alturas. Y en Perú, la avioneta me permitió poder ver las maravillosas líneas de Nazca, algo único en el mundo.

TANZANIATANZANIA

¿Cuantas veces no habéis soñado en subir en globo? Yo de momento ya lo he hecho un par de veces, y no dudaré en hacerlos cuantas veces sea posible. Eso sí, para mí el viaje en globo tiene que tener un paisaje que admirar o descubrir, subir por subir, no me llamaba antes de hacerlo ni me llama ahora.

La primera vez, y la más emocionante, seguramente precisamente por estar viviendo sensaciones que únicamente se viven las primeras veces, fue en Capadocia. Un amanecer, sobre un paisaje único en el mundo, y un momento mágico en el que el cielo se llena de colores, los propios del amanecer junto con los de todos los globos que amanecen con el día. La segunda vez, fue el amanecer en Masai Mara, experiencia totalmente diferente, por el paisaje, ver la sabana africana despertar desde las alturas, los animales desde arriba y ver salir el sol que da esa luz especial a África, es una experiencia que no os podéis perder si tenéis la oportunidad.

CAPADOCIA MASAI MARA

Y aunque aquí he destacado algunos, la conclusión final es que cada viaje es un sueño hecho realidad.

Una experiencia que parece formar parte de una dimensión paralela en la que cada día se vive con la intensidad que se vive un mes en la vida real. Donde a diario pruebas diferentes comidas, conoces gente, confías en el mundo, ríes, sueñas, observas, conversas, disfrutas, aprendes, dudas y sonríes al vivir el momento…  Para finalmente tener esa sensación de vacío al darte cuenta lo mucho que aún te queda por experimentar, y al mismo tiempo de satisfacción total por haber tenido la oportunidad de vivirlo hasta el momento.

Porque viajar es mi única droga y espero que lo sea siempre!! 🙂

No Comments

Post A Comment